|
Que nadie se extrañe a estas
alturas de la siguiente paradoja: los profesionales de
la salud asignan, aproximadamente, el 70% de los
recursos sanitarios, pero ello no constituye una de sus
principales preocupaciones. Han asumido el concepto de
eficacia, pero su hipoestesia al precio de las
tecnologías, y la de los pacientes, es un hecho
bibliográficamente
muy trillado. Tampoco sorprende que tomen bastantes
decisiones diagnósticas y terapéuticas con cierto grado
de incertidumbre, sin haber interiorizado aún el
concepto de eficiencia y con
riesgo moral
(el comportamiento podría ser distinto si uno estuviese
expuesto a las consecuencias de sus acciones).
Al decidir sobre selección y
prescripción de medicamentos, además de su utilidad
terapéutica, importan, y mucho, su
valor terapéutico añadido,
el incremento del
gasto, su impacto en el presupuesto (que no da cabida a
todo), y la
predisposición a pagar
de la sociedad por ellos. No debemos pagar toda novedad
o innovación terapéutica (no siempre son sinónimos de
mayor
valor social),
sino sólo aquella que verdaderamente
cuesta lo que
vale.
Escoger adecuadamente una entre
varias alternativas diagnósticas o terapéuticas con un
presupuesto fijo obliga a tener todo ello en cuenta y,
además, a incorporar en la decisión su
coste de oportunidad:
el valor de los beneficios que rendiría la mejor
alternativa que al final se descarta en la decisión.
Situémonos por un momento en Haití. Adoptemos la
perspectiva de la sociedad, asumamos un presupuesto
fijo, y consideremos un nuevo fármaco eficaz para tratar
un sarcoma. Allí, las mejores alternativas son la
potabilización de agua y la prevención de las
infecciones más prevalecientes. Allí, el
coste de oportunidad
de ese medicamento es el valor de los beneficios para la
salud que obtendríamos si, en su lugar, optáramos por
esas dos alternativas.
La eficiencia es requisito de racionalidad y calidad de
la prescripción. En época de crisis económica, el coste
de oportunidad debería ser, además de un imperativo
moral, una exigencia social ineludible.
Comité
Editorial
Nuestro agradecimiento a Carlos Campillo Artero por
habernos regalado el editorial.
|